• En la convivencia con otros podemos transformarnos para ser una mejor versión de cada uno.
  • El silencio es el peor enemigo de la comunicación.
  • El lenguaje es una herramienta que le da estructura a lo que percibimos.
  • Asomarse al mundo de las personas que nos rodean, a través de conversaciones.

¿Por qué decimos lo que decimos?

La comunicación es un elemento que permite a los seres humanos intercambiar ideas, negociar, abrir y cerrar oportunidades. Vivimos en las conversaciones como formas de expresión que nos permiten tener experiencias que pueden inspirar o transformar la convivencia de las personas, por medio de diálogos en los que emergen nuevos espacios de colaboración para crear nuevas perspectivas.

Por lo tanto, el silencio es el peor enemigo de la comunicación, nadie puede leer nuestra mente. Si no expresamos lo que sentimos o lo que queremos decir; nos ubicamos en espacios que no nos permitan existir.

¿Cuál es el costo de callar?, nulificamos nuestra verdadera esencia para pertenecer a determinados grupos sociales. Evitando caer en discusiones que alteren nuestras relaciones o impacten de forma negativa nuestros estados de ánimo. Sin embargo, de manera muy sutil devaluamos nuestra propia imagen y sobre todo los diálogos internos.

Si no exponemos los puntos de vista que tenemos referente a algo, no hay discusión. Y como consecuencia nos cerramos a la posibilidad de recibir diferentes opiniones que nos lleven a cuestionamientos para reforzar las ideas que tenemos o retarlas, pero siempre nos pueden posicionar en momentos que invitan a la reflexión.

Los seres humanos generamos nuestros propios juicios a partir de diversos factores, algunos de ellos son la cultura o sistema de creencias, es decir, desde las interacciones con nuestros seres queridos, en la temprana vida escolar y con los primeros aprendizajes en la infancia.

Cuando hablamos surgimos de manera espontánea ante el otro y desde esos seres humanos que somos y actúan de manera solidaria, deseamos colaborar con los demás, mostramos respeto hacia los que nos rodean y hacia nosotros mismos. Lo que establece nuestra conducta en el mágico proceso de conversar, en la interacción entre el lenguaje y las emociones. De tal modo, que al sentir empatía o desagrado nos conectamos o no, con el otro y desde ahí surge un camino amable o sinuoso en el transcurso del lenguaje que abrirá a cada persona líneas para enseñanzas que lleven a nuevos constructos.

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Escudriñamos la vida cuando nos asomamos al mundo de las personas que nos rodean, a través de conversaciones, no podemos mantenernos estáticos a lo que éstas provocan. Nos mueven, generan cambios en nuestros pensamientos. El lenguaje es una herramienta que le da estructura a lo que percibimos, pues es una interpretación muy personal. En la mayoría de los casos estos conceptos nos confrontan pues son disruptivos por el simple hecho de ser diferentes o de confrontarnos con lo que conocemos.

Si mantenemos una actitud de apertura, es muy probable que los diálogos nos lleven a ver nuestros apegos, a entender que saber por conocer no nos lleva a crecer. Saber para ser mejores pensadores puede crear un impacto, pero el conocimiento por sí mismo no nos permite adentrar al mundo del otro si no estamos dispuestos a ver realidades diferentes a las habituales.

Así, el factor más significativo que evoque la transformación de nuestra comunicación puede darse cuando aprendemos a pensar, a hacernos preguntas, a ubicarnos en la postura de que no sabemos nada (para ponernos en “ceros”).

Pero estamos dispuestos a observar, a conectar con nuestros estados de ánimo, a detener nuestra imperiosa necesidad de querer entender y explicar a los demás lo que solo tiene un significado especial para nosotros. De esta forma, ubicarnos en el modo-aprendizaje, para incursionar en el mundo asimilando de manera constante lo desconocido.

Claves para facilitar conversaciones eficientes:

  1. Acepta los puntos de vista del otro aunque sean diferentes a los tuyos.
  2. Recuerda que la verdad o la razón, no tienen dueño.
  3. Olvida esa fija idea de creer que lo sabes todo.
  4. Lo que es evidente para algunos no lo es, para otros.
  5. Cada persona tiene una realidad distinta que representa lo que es y la manera en que existe en el mundo. 
  6. Suponemos y eso no es algo que no nos acerque a la realidad de los demás.

En conclusión en la convivencia con otros podemos transformarnos para ser una mejor versión de cada uno, siempre, a través de las conversaciones. Decimos lo que decimos basados en nuestro sistema de creencias, como el conjunto de valores que refleja nuestra propia cultura, asomarnos a ver las diferencias nos permitirá crecer para adentrarnos en el mundo de quienes nos rodean.

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